Imaginémoslo al revés. Imaginemos que es Dios el que le reza al hombre, que busca en él su amparo, y le pide y le implora y le suplica salud para sus pensamientos, consejo en sus tribulaciones, certeza para su miedo. Imaginémoslo, por qué no. Quién nos puede dañar. Quién podrá alzarse contra nosotros por el simple hecho de pensar, de imaginar a Dios de rodillas en un reclinatorio sostenido por las nubes, mientras deja caer su plegaria hacia la Tierra.

                                       (de un manuscrito anónimo)