"Una noche, Emma no regresó a Yonville. Charles estaba loco de impaciencia,  y la pequeña Berthe, que no quería acostarse sin su mamá, sollozaba intensamente. Justin salió sin rumbo, por la carretera. El señor Homais dejó su farmacia.

               Por fin, a las once, no aguantando más, Charles enganchó su coche, saltó al pescante, fustigó al animal y hacia las dos de la mañana llegó a la Croix Rouge. No había nadie. Pensó que el pasante quizá la habría visto; pero, ¿dónde vivía? Afortunadamente, Charles se acordó de las señas de su patrón. Y allá se fue.

              Comenzaba a clarear el día. Distinguió unos rótulos por encima de una puerta; llamó. Alguien, sin abrirle, le dio a gritos la información que le pedía, mientras se deshací en improperios contra los que molestaban a la gente durante la noche,

               La casa donde vivía el pasante no tenía ni campanilla, ni aldabón, ni portero. Charles dio fuertes puñetazos en los postigos. En aquel momento pasó por allí un policía; entonces Charles tuvo miedo, y se fue".

 

                               Gustave Flaubert, Madame Bovary