Cosas, Celalba mía, he visto extrañas:

 cascarse nubes, desbocarse vientos,

altas torres besar sus fundamentos,

y vomitar la tierra sus entrañas;

duras puentes romper, cual tiernas cañas;

 arroyos prodigiosos, ríos violentos,

mal vadeados de los pensamientos,

y enfrenados peor de las montañas;

los días de Noé, gentes subidas

 en los más altos pinos levantados,

en las robustas hayas más crecidas.

Pastores, perros, chozas y ganados

 sobre las aguas vi, sin forma y vidas,

y nada temí más que mis cuidados.

 

Luis de Góngora