Muerte a los dogmas, a las sacristías, a los corazones de piedra. A los intachables, los incorruptibles, los "puros".

Que caigan los dedos en alto; que queden sin dientes los mordiscos a los "corazones descarriados".

Si el cristianismo es algo, es esto: esta banda sonora que no fluye desde el altavoz, sino desde dentro de quien la escucha.

Azul en la sombra. Nostalgia por la hora en que la primera nube construyó su primera blancura. Rebelión serena. Paz rabiosa. La hora que duerme, que aguarda: la de los oprimidos, los olvidados, los mentidos. Esclavos, putas, hambrientos...La inmensa humanidad pisoteada. Los perdidos, los confusos... Los impuros. Todos los indignos de llevar sotana.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados".

Justicia y nostalgia: azul y blanco.

Mateo, Marcos, Lucas, Juan... y Ennio Morricone.