Publicidad:
Terra
La Coctelera

PIPÁ

 

" -¡Que se abrasa Pipá, que se abrasa Pipá!-gritó la Pistañina.

Los alaridos de la bárbara orgía contestaban. De los rincones en que celebraban asquerosos misterios babilónicos aquellos sacerdotes inmundos, salían agudos chillidos, notas guturales, lascivos ayes, ronquidos nasales de maliciosa expresión con que hablaba el placer de la bestia. El humo de las teas, ya casi todas extintas, llenaba el reducido espacio de la taberna, sumiéndola en palpables tinieblas: la luz de la aurora servía para dar con su débil claridad más horror al cuadro espantoso. Brillando como una chispa, como una estrella roja cuyos reflejos atraviesan una nube, se veía enfrente del banco en que lloraba la Pistañina la tea suspendida sobre el tonel de Pipá".

 

Leopoldo Alas, "Clarín"; Pipá

FÍJATE QUÉ FACIL, MI AMIGO...

 

     "Natasha sonrió con una explosión cálida que quería comunicar a Rodrigo un sentimiento verdadero de interés y preocupación__ Para ti no debe ser difícil. Déjate crecer las alas de un color o de otro. Es tan fácil. Cuestión de dejarse llevar, en uno de los casos, hein? Mira a tu alrededor. ¿Crees que existe en ellos algún escrúpulo moral, o por lo menos la idea de que no tienen ningún escrúpulo moral? Fíjate qué fácil, mi amigo, fíjate nada más...

    La voz de Natasha se iba alejando, con su cuerpo, con sus manos, de Rodrigo y del pequeño bar; las sombras de la fiesta, más profundas, por elaboradas, que las sombras nocturnas de un bosque perdido, se la tragaron: Rodrigo fijó hasta el último segundo los ojos en la luna escuálida y después quedó solo, mientras los ruidos y las voces y las invitaciones y el tedio volvían a zumbarle, a rezagarlo, a apartarlo del lugar central".

Carlos Fuentes, La región más transparente

LEOPOLDO (SUS TRABAJOS)

 

 

 

         "Leopoldo era un escritor minucioso, implacable consigo mismo. A partir de los diecisiete años había concedido todo su tiempo a las letras. Durante todo el día su pensamiento estaba fijo en la literatura. Su mente trabajaba con intensidad y nunca se dejó vencer por el sueño antes de las diez y media. Leopoldo adolecía, sin embargo, de un defecto: no le gustaba escribir. Leía, tomaba notas, asistía a ciclos de conferencias, criticaba acerbamente el deplorable castellano que se emplea en los periódicos, resolvía arduos crucigramas como ejercicio (o como descanso) mental (...). Pensaba, hablaba y comía como escritor; pero era presa de un profundo terror cuando se trataba de tomar la pluma. A pesar de que su más firme ilusión consistía en llegar a ser un escritor famoso, fue postergando el momento de lograrlo con las excusas clásicas, a saber: primero hay que vivir, antes se necesita haberlo leído todo, Cervantes escribió El Quijote a una edad avanzada, sin experiencias no hay artista, y otras por el estilo..."

Augusto Monterroso, "Leopoldo (sus trabajos)", en Obras completas (y otros cuentos)

IMAGINÉMOSLO AL REVÉS

 

 

                    Imaginémoslo al revés. Imaginemos que es Dios el que le reza al hombre, que busca en él su amparo, y le pide y le implora y le suplica salud para sus pensamientos, consejo en sus tribulaciones, certeza para su miedo. Imaginémoslo, por qué no. Quién nos puede dañar. Quién podrá alzarse contra nosotros por el simple hecho de pensar, de imaginar a Dios de rodillas en un reclinatorio sostenido por las nubes, mientras deja caer su plegaria hacia la Tierra.

                                       (de un manuscrito anónimo)

FLAUBERT DIXIT

 

"Hablas de perlas; pero las perlas no hacen el collar, es el hilo"

                  (a Louise Colet, a propósito de la escritura)

 

"Quisiera hacer una obra sin ninguna atadura exterior, que se sostenga por sí misma por la fuerza del estilo, como la Tierra, que, sin estar apoyada, se sostiene en el aire"

"Hay en mí, literariamente hablando, dos hombres distintos: uno, enamorado de las sonoridades de la frase y de las ideas más elevadas; otro, que busca y ahonda en lo verdadero todo lo que puede"

"Cuanto más bella es una idea más sonora es la frase; la precisión del pensamiento hace y es en sí misma la de la palabra".

"Absorbamos lo objetivo y que circule en nosotros sin que se pueda entender nada de esta química maravillosa"

"La imagen interior es para mí tan reveladora como la realidad objetiva de las cosas"

"Por mi parte, creo que de mi novela se desprende una enseñanza clara. Y si la madre no puede permitir que su hija la lea, estoy seguro de que el marido no haría mal en dejársela leer a su esposa"

(sobre Madame Bovary)

"Me creen un apasionado de lo real cuando la verdad es que lo odio; pues es por odio a lo real por lo que me he propuesto escribir esta novela".

(sobre Madame Bovary)

"Trabajo mucho y temo al mundo,

no es en los bailes donde se funda el futuro"

(cita del poeta Camille Doucet, en una carta a su sobrina Caroline)

"Durante los últimos ocho días he dormido en total diez horas. Me sostenía con agua fría y café"

(a Madame Roger des Genettes, al concluir el relato "Herodías")

"Mi segundo cuento, Historia de un corazón simple, estará acabado dentro de quince días o tres semanas. La idea de leérselo me ha animado todo el tiempo de mi trabajo. ¡Es usted tan buena oyente! No se imagina el profundo bien que me han hecho sus ojos mientras escuchaba usted San Julián. ¡Ésa es la verdadera gloria!"

(a Madame Roger des Genettes, julio 1876)

 

 

 

 

BORGES Y YO

 

         "Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que he logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas.

        Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

                   No sé quién de los dos escribe esta página".

                                        Jorge Luis Borges, en El hacedor

 

 

CON SU TRAJE DE BODA

 

        "Quiero que la entierren con su traje de boda, con unos zapatos blancos, una corona. Le extenderán el pelo sobre los hombros; tres ataúdes, uno de roble, uno de caoba, uno de plomo. Que nadie me diga nada, tendré valor. Le pondrán por encima de todo un gran paño de terciopelo verde. Ésta es mi voluntad. Que se cumpla"

Gustave Flaubert, Madame Bovary

 

POR DO ANDUVE PERDIDO

Cuando me paro a contemplar mi estado

y a ver los pasos por dó me ha traído,

hallo, según por dó anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estó olvidado,

a tanto mal no sé por do he venido;

sé que me acabo, y más he yo sentido

ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte

a quien sabrá perderme y acabarme

si quisiere, y aún sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,

la suya, que no es tanto de mi parte,

pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

                                                                                        Garcilaso de la Vega, Soneto I